La bahía de San Sebastián

La concha

En 1845, marcó un antes y un después en la historia de San Sebastián. La reina Isabel II, debido a la recomendación de sus médicos de tomar baños de mar para sus problemas de piel, comenzó a pasar el verano en San Sebastián, con lo que la ciudad se puso de moda. A partir de entonces, la presencia de la realeza atraería a la corte y a numerosos aristócratas en los meses estivales. De esta forma surgió el San Sebastián elegante y distinguido. Y después llegó todo lo demás: el apodo de la Perla del Cantábrico, los turistas y el reconocimiento de todas las guías de viajes como una de las playas urbanas más hermosas del mundo.

bahía de la concha

Hoy, miles de visitantes siguen asomándose a la famosa barandilla de su paseo marítimo y siguen contemplando la misma bahía sensacional, protegida por los montes Igeldo y Urgull y por la isla de Santa Clara. Visitantes que se sacan una foto icónica de la ciudad, con la playa de fondo, y que luego se sientan en una terraza a disfrutar del panorama. O que no pueden resistirse y bajan a la arena y caminan descalzos por sus más de 1300 metros de longitud, disfrutando de su arena blanca y fina de esta playa aristocrática.

la concha

En pleamar, la arena casi desaparece y las olas golpean bajo el paseo, salpicando la ciudad. Sin embargo, en bajamar casi 40 metros de playa surgen bajo la sábana azul del agua.
En mitad de la Concha, hallamos el moderno Centro Talaso-Sport La Perla, que fue en su época uno de los balnearios más importantes del mundo.

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